Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



viernes, 10 de mayo de 2013

DIVIDE Y REINARÁS


DIVIDE Y REINARÁS
            — Así me lo contó Claudio y así te lo confío. Por favor, Mechi, te pido que seas discreta.
— Contá conmigo, Marcelo. Soy una tumba.
            —Resulta que Damián lo había abandonado sin un reproche ni una discusión. Tal como te digo. Únicamente le dijo no me llames, no me busques más. Metió sus cosas en un bolso ¿te acordás, ése que compraron en el viaje a Italia? Dejó las llaves sobre la mesa y dio un portazo.
— ¿En serio no le dijo por qué se iba? No te puedo.
—No, pero yo sé que alguien, no me preguntes, le comentó a Dami que Claudio lo engañaba. No pidió explicaciones. El es así ¿viste? Bueno, ¿sigo?
—Dale, y no escatimes.       
—Claudio pasó tres meses llorando, releyendo cartas y mensajes acumulados durante dos años de convivencia. De día, se le hacía fácil, ocupado como está entre el Estudio y su cátedra. Pero a la noche…
—Me imagino…
—…el dolor era insoportable. Escuchame bien lo que me dijo. Me acuerdo porque me llegó hondo.  Cada noche le reaparecía el deseo de los dedos largos y finos de cirujano de Damián recorriendo su espalda, como si la esculpiera sin cansancio. Este Clau es un poeta, ¡lo adoro! Imposible olvidar sus ojos verdes y desfallecientes del después, el desayuno, la voz áspera pero cálida del otro lado del teléfono, todas esas cosas… Entonces, ¿qué hacía? Salía y caminaba hasta la madrugada buscando otros insomnes y solitarios como él, con sus ojeras y  el mismo paso sin rumbo. Dijo que prefería las noches de lluvia porque así las lágrimas se confundían con las gotas del cielo. Y siempre con ese paraguas madrileño que le había regalado en un cumpleaños… ¡Siempre solo!
— ¡Qué raro que no nos cruzamos nunca!
— ¿Vos, solitaria? ¡Si sos la persona más sociable que conocí!
—Las apariencias engañan, Marcelo. Pero, seguí contándome que me muero de intriga.      
            —Se contuvo para no llamarlo ni esperarlo a la salida del hospital. Respetó el pedido; tal vez así…pensaba, con el tiempo… Tres meses sin una sonrisa; tres meses sin un beso, esos tres meses de lágrimas le habían endurecido la expresión. Y es cierto. Claudio no era el mismo cuando me lo encontré una tarde a la salida de Tribunales. Pero aún así, te juro, Mechita, con los ojos rojos y los párpados hinchados, ayer en El Trébol estaba tan atractivo como siempre. Se lo dije: quería animarlo.
            —Hiciste bien. La verdad, no se merecía esto. Pero ¿quién habrá sido el que le fue con eso a Damián. Sabés, yo no lo creo. Claudio es el tipo más fiel que conocí. No entiendo… ¡Hay que ser hijo de puta!
            —Dejame que sigo. Bárbara, por supuesto, lo invitó para su compromiso el 22 del mes pasado…
    ¿Ya hace un mes que no nos vemos? No te puedo…
            —…y sabía que se lo iba a encontrar. Eligió el Armani que Damián le compró en Florencia, se puso el Aqcua de siempre, salió y tomó un taxi. Me dijo que el taxista debía haber visto su amargura  porque cuando llegaron a Las Cañitas le largó un no, deje, este viaje no se lo cobro, es mi buena acción del día.
—Mirá… que sensible, ¿no? Ya no hay tipos así. ¿No sería…?
            —Yo que sé. Puede… Claudio le apoyó una mano en el hombro y con un gracias se bajó. El otro, estirándose por la ventanilla, alcanzó a decirle acuérdese que todo pasa.
            — ¡Tierno!
— ¿Viste? Clau me confió que esos diez metros hasta la entrada le resultaron un calvario. Su cabeza era un batifondo de ilusión y miedo.
            —Como siempre, llegó tarde. Ya habíamos empezado a cenar, ¿te acordás que yo estaba por el medio?
            —Mechi, estabas al lado mío… Bueno, sigo. Después que fue a recibirlo, Bárbara lo ubicó en la silla reservada, junto a Damián. Dudó porque se dio cuenta de que no sabíamos nada de nada. Igual decidió ver qué pasaba. Durante la cena ni se miraron.
            —Eso me resultó rarísimo… me dije algo pasa. Ahora me desayuno.
—La verdad,  yo algo sabía pero no quise comentar. No me gusta el chusmerío, ¿viste? Según Clau, Damián estaba radiante, como siempre, acordate que bailó con todos y, textual, dijo que su cara parecía una página con buenos titulares. Para serte sincero, a mí ése nunca me gustó. Lo veo tan artificioso, tan producido… En fin, que este pobre santo no probó bocado; era evidente que quería salirse lo antes posible.
—Y claro, si yo hubiera estado en esa situación, no habría podido aguantar.
—Pero él, sí. Soportó dos horas estrujando la servilleta. En ese tiempo, demás está decirte, se le diluyó toda esperanza. A medida que se convencía de que era imposible la reconciliación, dice que sentía que la soledad iba cerrando la historia. Entonces le volvieron las palabras del taxista. ¿Te acordás que se sacó la alianza de platino y mientras se levantaba, la dejó caer en el helado de Damián?
—Casi me desmayo. No podía creer que Claudio hiciera eso. Es tan medido, tan prudente…
—Todos vimos y entendimos, le mentí. En ese momento, según él, se dio cuenta de que ya no estaba dispuesto a seguir sufriendo. Y se fue.
—A Damián no se le movió un pelo. Yo me fijé. ¡Qué témpano!
—Me contó que caminó por Libertador. La cosa es que llovía un montonazo y él no tenía para cubrirse. Se acordaba del paraguas que estaba en el perchero; tenía el aroma de su mano. La caminata le hizo bien: cuando llegó a Plaza Francia  se sentía más liviano.
— Está bien claro. Ahí pudo soltar él.
            —Bueno, terminó diciéndome que con el anillo, había dejado todo el pasado.
—Lo bien que hizo. Pero igual no sabemos quién le dijo a Damián…
— ¿Qué nos importa? Al fin se separaron. Esa pareja no podía seguir. Mientras charlábamos, yo pensé ahora es mi oportunidad. Te doy la primicia, Mechi, el sábado cenamos juntos.


martes, 30 de abril de 2013

CUESTIÓN DE VOLUMEN


CUESTION DE VOLUMEN
Jorge: -¡No levantes la voz!
Alicia: -Yo no levanto la voz…hablo fuerte.
Jorge: -Entonces hablá bajo, por favor.
Alicia: -¿Como vos? Casi no te escucho.
Jorge: -Yo hablo normal.
Alicia: -No para mí…ni para los demás. Mi mamá no te oye.
Jorge: -No me interesa que me escuche.
Alicia:-¿Ves? ¿Ves que tenés problemas con ella?
Jorge -Yo no dije que tengo problemas. Dije que no me interesa.
Alicia: -A ella tampoco…andá sabiéndolo.
Jorge:-¿Por eso cuando viene no saluda?
Alicia: -¡Si vos no la saludás!
Jorge: -Yo le digo hola y no me contesta.
Alicia: -No te contesta porque no te oye.
Jorge: -¿Y qué? ¿Le tengo que gritar? ¿Como vos?
Alicia: -Y…sí. Hablá más fuerte.
Jorge: -Yo no soy de hablar a los gritos como todos en tu familia.
Alicia: -Y yo no voy a murmurar como los de la tuya.
Jorge: -Nosotros no murmuramos.
Alicia: -Nosotros no gritamos.
Jorge: -¿Ves cómo podés decirlo en voz normal?
Alicia: -¿Ves cómo vos podés decirlo para que yo te oiga?
Jorge: -Y…sí.
Alicia: -Bueno… ¿A qué hora volvés a casa?
Jorge: -A las ocho, como siempre.
Alicia: -Te espero, mi amor.
Jorge; -Con el baby-doll, mi cielo.
Alicia: -¿Y la cena?
Jorge: -Con eso me alcanza
Alicia: -Te amo.
Jorge: -Te amo.

Clic. Clic


sábado, 30 de marzo de 2013

QUIÉN SOY


¿QUIEN SOY?

Soy mi propio espejo, una y otra vez, la multitud que he visto y la que me ha mirado, soy el horror ácido al ver mis demonios más ocultos y la risa al encontrarme con el payaso que también soy; me veo en los múltiples perfiles picassianos que me identifican y se confunden frente a los otros, como gatos enredados. Soy esa mirada dudosa de niña complaciente y el ceño fruncido de una anciana temerosa frente a la eternidad. Soy un murmullo de fastidio al ver con dolor lo que los otros niegan y una sonrisa serena que se quedó en la esperada despedida. Estoy en el centro dulce de mi intimidad y en el de mis multicolores diferencias. Soy el búho que le habla a la oscuridad y la alondra que trepa con el sol del desayuno; aunque me veo deforme y despareja en los tiempos y espacios que ocupo, me reconozco en todos porque me he visto y revisto de arriba, de abajo, de adentro y de afuera, de frente y de perfil, de negro y blanco, de picante y dulce; me he visto en el infierno doloroso y en el edén ingenuo…soy el centro libre de mi historia circular. Y aún así no sé verdaderamente quién soy, pues no he aparecido ante mí. Siempre estoy detrás de mí, mirando mis caras y creyendo por tiempo indefinido que soy ellas.
Lidia B. Castro Hernando

domingo, 24 de marzo de 2013

INSOMNIO


INSOMNIO
Las primeras luces naturales y todavía estás con los ojos abiertos. Nada ayuda: ni la leche caliente, ni la pastilla amarilla, ni el vaso de whisky, ni la película de Retro. El dos de oro rechaza tus párpados persianas y los posibles sueños. Las horas pasan lentas como siglos cuando todo está oscuro, y la primera línea clara que se forma sobre el parquet a las cinco de la madrugada, te augura otro día de bostezos y mal humor.
            Quisieras morir con la última campanada del día, ésa que marca el final de las veinticuatro horas, la del himno nacional por la radio; quisieras morir la muerte pequeña de cada noche.
            Pero hace meses que para vos, el descanso se convirtió en espera, en deseo, en falta, en algo desconocido o perdido.
            Todavía seguís con los ojos abiertos porque hace mucho que no los cerrás, lechuza humana.
            Tomás las treinta pastillas de Rohypnol con un vaso de agua y caés en brazos de un Morfeo eterno. Por fin vas a dormir. Tranquilo. Nadie va a despertarte.

jueves, 21 de marzo de 2013

EL ANZUELO


EL ANZUELO
            Lo llamo el cofre delator. Crea una escena del crimen en la que el ladrón potencial  es descubierto de inmediato.
            El cofre de cuero rojo y negro, permanece silencioso en un rincón de la habitación. Decenas de manos de amigos y no tanto, dejaron sus huellas en la diminuta manija que cuelga en la puertita ubicada en el frente.
            Como criminales, cuando quedan a solas, y cada uno a su tiempo, abren curiosos la puerta rebatible, sospechando tesoros escondidos por mí con avaricia. Mientras, a propósito, yo me quedo en una habitación cualquiera y alejada; entonces, son sorprendidos por la música de un vals vienés y un botellón de anís con cuatro copitas por todo valor.
            Es una de las acciones ambiguas que me ha permitido sentirme generosa: invariablemente todos se consideran menos perfectos de lo que creen, y juntos nos podemos reír de nuestra común humanidad.

domingo, 10 de marzo de 2013

ASESINOS AD HONOREM


ASESINOS AD HONOREM
Sólo dos personas estaban  serias y calladas en la tribuna. Sabían que el verdadero espectáculo no iba a ser, como decía el cartel, la presentación de una plataforma política conservadora más. Mientras los demás entonaban pulidos e inofensivos cánticos partidarios, el menor masticaba un chicle ansioso y ya viejo, manteniendo la mirada fija en la entrada al pequeño estadio. El otro, algunos años mayor y con experiencia en estas misiones, sostenía con su mano derecha, ya preparada, el arma con la que iba a asesinar al candidato.
El tiempo se alargaba para ellos mientras los gritos y cornetas pretendían convertir el asunto en una fiesta. Vestidos con elegante sencillez de marca para no llamar la atención, de vez en cuando lanzaban un grito mentiroso que los escondía un poco más.
El candidato entró rodeado de sus guardaespaldas saludando con los brazos en alto. Subió a la tribuna a pocos metros de ellos, y mientras recibía un ramo de flores de las Damas de Beneficencia, quedó sin protección por un momento. Era la ocasión. Mientras el más joven se ponía adelante para disimular y cubrir, el otro extrajo la pistola y apuntando con pericia, disparó un solo tiro que dio en la zona del corazón. Ya estaba hecho. No importaba nada más. Habían cumplido el contrato. Ahora, sólo restaba aprovechar el revuelo, esconderse entre la gente, escapar y recoger el dinero.
El ardor vengativo de la multitud no se los permitió: habían matado al futuro salvador de la patria; como animales feroces se lanzaron sobre el dúo pagado nadie sabía por quién. No interesaba. En apenas diez minutos cientos de personas acaudaladas, sobrias y cultas, destrozaron con salvajismo y a puntapiés, golpes de puño y navajazos suizos, a los dos delincuentes.
Incomprensiblemente, no solicitaron pago alguno por lo hecho.


miércoles, 6 de marzo de 2013

ESPEJOS


ESPEJOS
            Ambas se miraron como no queriendo. Pero la atracción era sostenida por el asombro y la melancolía.
            Marie alucinó estar viéndose en un espejo antiguo, y todo su pasado escondido en un rincón polvoriento del cerebro reapareció, indeseado pero vigoroso. Sentada ahí, en el escalón de la catedral, anónima y callada, su mano siempre abierta esperando unas monedas, creyó que iba a morirse. Le habían dicho que en el instante final, toda la vida pasaba como en un flash. Y aceleradamente recordó sus días de belleza seductora, feliz e irresponsable, su cuerpo y su rostro luminosos, su risa fácil, sus ropas caras pagadas por los hombres más codiciados y ricos de París que creían poseer su corazón; su decisión de no ser nunca pobre, a costa de lo que fuera, de no importarle el juicio de la sociedad parisina; su piso amoblado con lo mejor; el progresivo cansancio de camas sin amor, el ajenjo, el alcohol y el opio; la pérdida inexorable de su carne firme y la paulatina necesidad de dinero; el llevar día tras día sus joyas al banco de empeño; su desesperación frente al rechazo y el abandono; todas las fiestas a las que dejó de ser invitada; la censura en la boca de otras mujeres; los hombres que la olvidaron; su mudanza a un prostíbulo; las arrugas que iban apareciendo con rapidez; la pérdida irremediable de algunos dientes; su voz ronca, las uñas rotas y su poca ropa gastada; su vejez con sólo cuarenta años. No habría querido recordar, pero fue una tormenta no esperada e inevitable. Cabizbaja, sintiéndose fea y mala, lloró, aún con la mano extendida, mientras esa otra mujer, sosías de la primera juventud, entraba elegante y hermosa al Sacré Coeur, dispuesta a implorar que se cumpliera su deseo de vida alegre y afortunada.
            Margaritte había mirado a la vieja a los ojos y por detrás de esos rasgos oscuros, deformes por la edad y el sufrimiento, vio a alguien íntimamente cercano, y esa visión le provocó un escalofrío. Sus veinte años eran ligeros e inteligentes. Había dejado el hogar familiar hacía ya cuatro, dispuesta a no acabar de lavandera como su madre. Conoció a un hombre que la protegió, le compró un apartamento en la mejor zona de la ciudad, le prodigó alhajas y vestimenta cara. Sin embargo no se mostraba con ella. Decía quererla sólo para sí; y ella pagaba dándole placer y fidelidad. Pero a Margot, como él la llamaba, le faltaba alegría, amistad y admiración de parte de otras mujeres. Él, dadivoso aunque posesivo, no le permitía una vida propia. Arrodillada, rezó por un cambio, una valentía que aún no tenía, tal vez una muerte accidental para ese hombre a quien no amaba y que ya era su carcelero. Esa absurda mendiga con tocado, pluma, y cuello de piel iguales a los suyos, pero deslucidos y anacrónicos, le espejó un futuro posible. Rechazó la imagen como quien rechaza un golpe en la cara, y decidió que lo posible debía ser improbable. Al salir de la iglesia ya había elegido: fuera como fuese iba a casarse con un noble; no permitiría que la vida la sentara nunca con la mano extendida en una fría escalinata. Pasó rozando con su falda impecable el cuerpo de Marie, dejó caer unas monedas en su mano y dirigió su mirada hacia otro lado, negando la presencia.
            Marie sólo dijo gracias y deseó, compasiva, que el destino no fuera circular.

miércoles, 27 de febrero de 2013

TRAS LA MÁSCARA


TRAS LA MÁSCARA
            De repente esa imagen me resulta extraña. Círculos verde claro como los de ciertos dibujos animados japoneses. Sin las pestañas postizas impresionan como cuadros futuristas, incomprensibles, enmarcados por unos finos arcos dibujados con lápiz negro que no acusan movimiento alguno. Viejas persianas, ahora abiertas con desmesura, sorprendidas. Nunca antes las vi llorando y ahora desprenden gotas densas, pegajosas y negras.
            Sobre el mentón distingo un rojo corazón de rouge, menos ancho que el dedo meñique, ahora manchado de negro y deformado. No sonríe, en cambio percibo el pavor. A simple vista, nadie puede saber si tras esa forma ridícula hay humedades o un vacío interminable y seco. Esa grieta cerrada se abre y estalla en monosílabos agudos tratando de ahuyentar el miedo.
            Arriba, y en esa imagen que dolorosamente se va transformando de a poco, un apéndice inmenso y carnoso con dos agujeros, de los que sobresalen descuidadamente unos finos pelos aún ardiendo de clorhidrato.           
            Dos óvalos heridos de plata 900 sobresalen a los lados de una forma casi calva sobre la que hace instantes descansaba una peluca pelirroja.
            El resto, blanco pálido, talcoso.
            Esa cara en dos dimensiones, hace apenas unos minutos la de un travesti, va a desaparecer en el momento en el que yo, mujer atrapada en cuerpo masculino, apague la luz del baño y deje de mirarme en el espejo.

ILUSIONES

ILUSIONES

Tímido jinete
cabalgo en el lomo
de mundos improbables

Dormida arremeto
venciendo molinos
sueño que madrugo
y que soy canario
trino alimentado
de alpiste y de nombre

Cada amanecer
huesos en ovillo
creo que despierta
desordeno redes
de mundos ajenos

Como hipnotizada
me pienso mujer
madre compañera

Personajes ilusos
componen mi vida

Conciencia tramposa

Durmiente constante
reestrenando eclipses
en cada jornada

Soy tan sólo máscaras

Cuando me recuerdo
sé que nada hago
 y todo sucede




viernes, 22 de febrero de 2013

EL POETA JUAN RAMÓN GIMÉNEZ


Por Juan Ramón Jiménez
YO NO SOY YO
Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.
En Segunda antología poética 1898 - 1918
Espasa Calpe

sábado, 16 de febrero de 2013

LO QUE SE DICE CEBANDO MATE



CÓDIGOS
Le sirvió un mate dulce y espumoso. El gaucho Méndez no dijo nada y miró pa’arriba, como desentendiéndose. Sabía, como buen pampeano sureño el significado que tenía: la Rosario estaba muerta de amor por él y le era fiel. Pero el corazón del hombre pertenecía a otra desde ya no sabía cuándo. Mateó él y se quedó oteando las nubes negras que corrían hacia ellos como zaino desbocado. Dijo: —se viene la lluvia—, y le alcanzó el mate frío. La paisana supo que la rechazaba.
—Ahora déme un amargo y váyase pa’dentro; no se me vaya a mojar ni de arriba ni de abajo… Yo ya me voy pa’l rancho; se está haciendo tarde y su hermano no llega.
La paisana no era tonta y pa’rematar la conversación, le dio un mate vacío, (con yerba pero sin agua) dándole a entender que daba por terminada la relación amorosa -que en verdad nunca había empezado-.

sábado, 9 de febrero de 2013

¿VIERON QUÉ DIFICIL ES ESCRIBIR CON FRASES HECHAS Y LUGARES COMUNES?


LA GOTA QUE REBALSÓ EL VASO
¡Ya estoy harto! Soy bueno pero si me buscan puedo perder los estribos. En cambio mi hermano tiene más paciencia que un santo. Se aguanta cualquier cosa. Los que no nos conocen dicen que somos como dos gotas de agua. Pero yo soy duro como piedra, no ando con rodeos y tengo una salud de hierro. En casa me llaman el Diablo. Algunos andan por ahí diciendo que me falta un tornillo. Él, el Santo, en cambio, habla por los codos, a tontas y a locas, se muere de risa de todo pero también llora como una Magdalena, el debilucho.
Estaba lloviendo a cántaros y como no nos dejaban salir a la calle, nos quedamos con los del cole en la pieza, como sardinas en lata. También, éramos ocho. Cuando paró le pedimos permiso a papá para ir a jugar al patio. ¿Y qué hizo? Nos mandó a freír churros. Que si no lo obedecíamos nos iba a poner el culo como un tomate; tiene la mano muy larga y yo no sé por qué pero siempre anda con un humor de perros. Yo puse cara de poker, pero la verdad es que se me hizo un nudo en la garganta: no me gusta quedar como un pelota frente a mis amigos. Mi hermano parecía no tener vela en este entierro,  y siguió contando los mismos chistes verdes de siempre para romper el hielo que se había formado con los gritos del viejo. Estaba diciendo salvamos el pellejo justo cuando entró la abuela a la pieza.
Aunque es más vieja que Matusalén, dijo: ¡Borrón y cuenta nueva, hijo! Hay que tener mucha paciencia con los chicos. El viejo, que es su hijo, puede ser cualquier cosa, pero con la madre se pone como un flan. Ella siempre tiene la sartén por el mango, no sé cómo hace. Y empezó a comernos a besos, y yo secándome la cara porque la sentía mojada y no me gusta; sé que lo hace porque es un pedazo de pan por eso lo aguanto. Además venía con una torta de frutillas y crema para chuparse los dedos. A los chicos se les hacía la boca agua.
La cosa fue así: nos llevó a todos al patio, no vio lo mojado que estaba y se cayó. Gritaba y lloraba todo junto. Yo la escuché decir que arrastra su enfermedad del reuma como una cruz.  Me asusté. Mi hermano también. Fuimos como un tiro a buscar a papá, y la levantó. Menos mal que la abuela tiene más vidas que un gato que si no, estábamos fritos: el viejo que no anda con rodeos, seguro que nos colgaba el sambenito, y la salida al patio nos iba a costar un ojo de la cara: penitencia por dos o tres semanas y prohibido jugar a la pelota después del cole.
Mi hermano que se hace el angelito pero no tiene un pelo de tonto salió diciendo que él se comprometía a cuidar a la abuela hasta que dejara de dolerle. Santas pascuas. Todo resultó bien  al fin y al cabo, pero me sentí como agua de otro pozo; yo, que siempre doy la nota,  tengo que ir con pies de plomo desde ese día. A mi viejo nadie le saca de la cabeza que la abuela se cayó ¿por culpa de quién? Del Diablo 

jueves, 7 de febrero de 2013

SIGO CON LOS APORTES INESTIMABLES DE LAURA

Narrativa tradicional:

Tiempo: Es cronológico. Se especifican las horas, los días de la semana, los meses, los años, la continuidad de las estaciones. El desarrollo del argumento es básicamente lineal.

Espacio: El narrador crea el espacio antes de elaborar la trama. Las descripciones son minuciosas. Nada queda por conocerse. Predomina el espacio abierto.

Principio. El narrador motiva el tema que va a desarrollar. Prepara y ordena desde las primeras palabras los hilos de la trama.

Final: Es cerrado porque todo se ha dicho ya. No se puede deducir ni agregar nada. Es una obra concluida.


Narrativa actual:

Tiempo: Se quiebra el tiempo cronológico. El pasado se alterna con el presente y con el futuro. Avances y retrocesos van creando una especie de caos argumental.

Espacio: El personaje vive el ambiente que lo rodea desde su interioridad. El espacio nace de él. Las descripciones son parcas, imprecisas, predomina el espacio cerrado.

Principio: La obra casi siempre comienza in media res, es decir en la mitad de la acción, cuando ya han ocurrido algunos hechos.

Final: Es abierto ya que carece un final concreto. Habrá tantos finales cuantos lectores la lean. La historia se va escribiendo continuamente.

martes, 5 de febrero de 2013

NARRATIVA TRADICIONAL Y ACTUAL: un aporte muy útil de Laura, compañera del Taller-Palabras

Narrativa Tradicional:

Narrador : Omnisciente, es decir, asume el papel de un Dios que lo sabe todo. Es pintor fiel de la realidad que lo rodea.

Lector: es observador pasivo de los sucesos narrados. Simple receptor. No tiene libertad para sobrepasar los límites precisos que le presenta el narrador.

Trama: Se narra un acontecimiento en que la introducción, nudo y desenlace temático de la historia están claramente definidos. El orden de los capítulos conforman una estructura lineal y cronológica de los acontecimientos.

Personaje: Sabemos todo acerca de él: nombre, apellido, ascendencia, costumbres, trabajo, relaciones. Lo conocemos moral y físicamente. Actúa impulsado por el narrador. Es descrito de afuera hacia adentro. Por lo general son personajes estereotipados, es decir que más o menos todos reaccionan de igual manera ante una misma circunstancia.


Narrativa actual

Narrador: Es limitado tanto como testigo o como protagonista. No lo sabe todo sino solo lo que (como pasaría con un ser humano de verdad) desde su perspectiva ve, siente, escucha y piensa. Presenta la realidad que le ha tocado vivir y una ruptura con esa realidad que pasa por la subjetividad de cada personaje. 
La historia no se termina con la última página sino que la historia propone una reflexión sobre el o los temas presentados.

Lector: Su participación durante la lectura de la obra es vital, completa. Es lector, autor, personaje y crítico. Tiene libertad para re-crear el mundo narrado de acuerdo a sus propias vivencias (interpretarlo y no darlo por hecho). Es parte del juego. Es un lector preparado, como parte de un todo, para entender, para decodificar la obra.

Trama: Introducción nudo y desenlace deben ser descubiertos y ordenados a la manera de un rompecabezas. Su estructura se asemeja un zigzag.

Personaje: Sabemos poco acerca de él, a veces ni siquiera su nombre ya que lo más importante es su retrato moral y psicológico que aparece fragmentado y por lo tanto, como lectores, debemos reconstruir. Se conduce mediante acciones y pensamientos que lo van mostrando de adentro hacia fuera

Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos